Con militantes pateando la perra, las elecciones de diciembre próximo parecen ser la oportunidad, para reflotar temas y discusiones que han quedado en algún escondrijo del baúl democrático y que a esta altura  comienza a mostrar signos de oxidación. Pasajeros que se han quedado oteando el horizonte; observando este barco que navega en un mar cada vez más bravío, con la misma tripulación; muchos de los cuales lo han hecho en calidad de “pavos”, al subir en medio de la embriaguez provocada por la algarabía y el jubilo del zarpe democrático. Es el sentimiento que embarga a muchos militantes, cuyo compromiso con la libertad y la democracia les significó en algunos casos: “sangre sudor y lágrimas”. Jugados en la lucha callejera; aportaron la mística; con el spray bajo la parka; organizando actos culturales y peñas, con espacios reducidos y equipos de amplificación, que siempre escaseaban en tiempos de represión. Hoy son un número en el padrón; es el estado llano; los convocados cuando se acercan las elecciones y les exigen lealtad y apoyo para un candidato que llegó de Santiago y al cual sólo han visto por televisión, con realidades lejanas y ajenas  a las del valle, con gente que funciona sobre la base de una identidad y dinámicas cargadas con tintes históricos propios.

“Nadie es más grande que el partido”, dijo Tomic, hoy los partidos viven en función del diputado o el senador: cancela el arriendo de la sede; paga el sueldo del operador y cada cierto tiempo viene y se reúne con el mismo grupo. Los demás, deben seguir sus andanzas a través de los medios.

Las cúpulas partidarias encerradas en sus mundos glamorosos, dirigen y mueven  a los alfiles que por algún cargo dejan de lado los principios; las colectividades que en algún momento fueron los espacios de discusión democrática y ejercicio intelectual de soñar el mundo desde la perspectiva de su doctrina, hoy se han convertido en el instrumento para lograr la pega en esa repartición donde el partido posee la parcela exclusivas de  los cargos.

Las plantillas comienzan a cerrarse y las incógnitas a despejarse; solo falta por confirmar si Leonardo Véliz el mismo de Colo Colo 73 dará el sí a su candidatura por el distrito diez, aumentando a tres bandas la lucha electoral en las provincias de Quillota y Petorca. El compadre de Caszelly, actual concejal de la comuna de Santiago, buscaría mantener el cupo parlamentario de quien es hoy por hoy, la opción presidencial rebelde: Marco Enrique. Sus últimas apariciones en televisión, no han sido precisamente cargada de buenas vibras, ya que los dos iconos de lo que algunos consideran el mejor equipo que haya tenido el cacique a lo largo de su  historia, se recriminan mutuamente luego de sus fallidas sociedades comerciales, que los han dejado peleados a muerte. Si bien el doblaje ha sido una tarea imposible para ambos conglomerados, una tercera opción, escindida de las canteras oficialistas, podría provocar la elección de Vargas y Molina; sin embargo, este “Pollo” solo  mermaría marginalmente el caudal de votos históricos obtenidos por el arcoriris; una cazuela con poca enjundia para abrir el apetito de los comensales de la zona. Distinta habría sido la nominación del actor Álvaro Escobar, rostro televisivo cuyo nombre circuló profusamente como eventual candidato a una diputación en el distrito; poseedor de esa dosis de magia y magnetismo  que parece encandilar a las ciudadanas en cualquier parte donde estas figuras televisivas se presenten y que habría puesto en riesgo la elección del representante de la Concertación, en el juego del binominal tal cual lo determinan las calculadoras electorales. Así como se están dando las cosas, la Alianza obtendría un diputado y el otro lo aportaría la Concertación, al no tener un oponente de fuste que colleree a Barrios y Cerda.

En la carrera senatorial, los cuadros se completaron con la incorporación de Nelson Ávila como compañero de ruta de Ignacio Walker; colocando al  “Samurai” en una misión que parece imposible, disputándose los mismos votos con el hombre de los cañamales de oscuro ramaje y que esta vez juega de local. Si el valle que lo vio nacer, le otorga la primera mayoría; el distrito diez parece ser el territorio donde Ignacio Walker no tendría oponentes, por lo que la batalla decisiva se librará en la ciudad del Sol; Villa Alemana y Limache, y ahí el ex senador Socialista, obtendría su mejores marcas; sin embargo, todo parece indicar que no seria suficiente para hacer frente a la suma de votos de  Walker y Ávila.

Los rivales fintean; se estudian y las primeras escaramuzas comienzan a encender el campo de batalla, convirtiendo a la Región Cordillera en el centro de atención de los medios nacionales y en concienzudos análisis de los expertos.

Mientras tanto, una ciudadanía indiferente, crítica y desesperanzada, ve pasar lo que todos creen que pasará: NADA. Todo cambiara para que nada cambie.