No ha existido feria del Tejido que no haya tenido asociada por distintos factores una dosis de polémica; en sus inicios fueron los cuestionamientos al emplazamiento-plaza de armas- y si un espacio público que nos pertenecía a todos, podía ser usado por privados para fines netamente comerciales; a la par se alzaron voces que hablaban de lo innecesario del evento que parcelaba el comercio textil, impidiendo la circulación de los turistas por el resto de la ciudad, aduciendo además que La Ligua en sí, es o era, una gran feria; solo una cosa parecía clara, las mayores ventas de los expositores, se encargaron de reforzar la idea de sumarse a la muestra y cada año aumentaba el numero de textiles que querían ser parte de la ella. Los organizadores plantearon desde el primer momento, que el principal objetivo de la exposición, era potenciar un período caracterizado por las bajas ventas del rubro textil. La firma del convenio con el Club deportivo Flecha, permitió el traslado del evento al recinto del Parque del Rayado; entregado por la institución, en comodato, con el compromiso de realizar una serie de obras de adelanto, que pudieran transformarlo con el tiempo en un verdadero complejo para las practica de diversas disciplinas deportivas. Los cambios no son fáciles, conllevan siempre procesos de maduración y acostumbramiento. A partir de ahí, surgirían nuevas voces que hablaban que la plaza era el mejor lugar, en fin… La segunda feria en Rayado, parecía dejar en el olvido el antiguo emplazamiento, que por estos días muestra claros signos de deterioro en sus escaños y quienes se atreven a pasar por la plaza deben hacer verdaderas piruetas para esquivar a los autitos y skater que se han apoderado del principal espacio publico liguano. El 2007 ha estado marcado por los cambios, que la comisión organizadora ha querido imprimir no solo en la forma , sino también en el fondo, transformando la feria del tejido en la Expo Ligua; intentando de esa manera, diversificar la oferta, basados en la lógica que La Ligua es mucho más que tejidos: hace su estreno el llamado pabellón agro-industrial; los patios de comida se renuevan; aumentan los stand de artesanos; se disponen de varios millones para la realización de show de alto nivel: los Jaivas, Kudai, Illapu, Los Chancho en Piedra, Inti Illimani etc hasta ahí todo parecía ser miel sobre hojuelas; sin embargo, una carta leída en el ultimo concejo municipal, parece abrir un flanco inesperado y que en forma escueta y precisa señala: “ debido al bajo nivel de ventas experimentados hasta el día de hoy por los expositores textiles, solicitamos la exención del último pago realizado a través de la modalidad de cheques o letras”. Recordemos que en años anteriores las solicitudes han estado dirigidas a la prolongación del evento, con miras al aprovechamiento de los últimos días del mes de febrero, que se consideran como los de mayores ventas. Como alguien dijo por ahí –“el mercado es cruel, frío e insensible”, las pequeñas industrias textiles han sido las grandes victimas de los acuerdos comerciales, que nuestro país a suscrito con los imperios económicos que dominan el planeta. El como enfrentar el problema, parece ser el tema central de las discusiones. La feria del tejido surgió como un paliativo, por lo tanto la primera interrogante que nos debemos hacer es:¿Debemos renunciar a la categoría de pueblo identificado con una industria textil tal cual como se maneja por estos días en términos de diseño, fabricación y fibras para el consumo masivo? parece que sí; sin embargo la puerta parece estar abierta de par en par, cuando se trata de conquistar a los consumidores mas exigentes, aquellos que están dispuestos a pagar un mayor precio por un producto que doblegue a la competencia asiática con calidad, y eso significa claramente volver la mirada a las raíces, a la fabricación a escalas reducidas, como los antiguos artesanos incasicos. Cuando se acerca el término del comodato del recinto ferial, surgen una serie de interrogantes, cuyas respuestas deben venir como corresponde a una verdadera democracia, de la propia ciudadanía: ¿Debe la Expo Ligua continuar en el futuro? ¿Debe seguir funcionando en el mismo recinto? ¿Los cambios como es el tema de la diversificación de la oferta: agrícola, artesanal y servicios, han tenido el efecto que se esperaban? ¿Es necesario que el evento funcione durante dos meses para sustentar una muestra de este nivel? Lo que parece estar claro, tal cual lo señala nuestra carta fundamental:” el estado expresado en el gobierno comunal, debe propender al bien común y no al privilegio de personas con nombre y apellido ni de grupos sectoriales, por lo tanto es toda la ciudadanía de la comuna, la que debe pronunciarse frente al tema.
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