Cuando me preguntaron en la universidad por el domicilio,intenté disimular la verguenza y de esa manera evitar las burlas que de seguro recaerían sobre mí durante mucho tiempo;sin embargo el papeleo exigía rigurosidad en los datos que debía proporcionar.A media voz, casi en agonía, apenas me salió lo de Lucia Hiriart. Varios de los que ahí estaban hicieron gestos y risitas malévolas.Ha sido como un castigo.En otros tiempos, mi mamá me cuenta que lo decía con harto orgullo cuando le pedían los datos en alguna oficina. Sobretodo en la Muni o en la Gobernación.Nadie se atrevía a hacer ningun comentario;al contrario era casi una bendición por esos días, sobretodo cuando en la calle pedían carné y todo eso que se comenta.Los últimos acontecimientos que viven los Pinochet;procesados por las famosas cuentas descubiertas al capitán general en el extranjero,y que suman varios millones de los verdes billetes del tío Sam,ha obligado al desmarque a quienes en algún momento fueron fervorosos partidarios del ex dictador.Nosotros en plena democracia quedamos cargando con la marca sobre nuestras frentes donde quiera que vayamos.Así estaban las cosas hasta que el juez Muñoz terminó por poner la lápida. Las vueltas de la vida le escuché decir a mi abuela. Los hechos están a la vista:Marco Antonio,recluido en Capuchinos y Lucía la mujer detrás del poder, con la presión alta en el Hospital Militar.Realidad vip, pero presidiarios al fin y al cabo.La justicia tarda pero llega dijo mi viejo. Como sea. El país parece estar quemando los últimos eslabones con un pasado que la mayoría no quiere volver a vivir. Cargar con muertos, desaparecidos, relegaciones, torturas y exiliados parecían ser las grandes marcas a fuego que arrastraría la familia Pinochet a través de la historia; traspasando a toda su descendencia por generaciones,las violaciones cometidas durante su gobierno.Sin embargo, al igual que Alcapone que después de matar y quemar vivos a cientos de seres humanos, cayó a prisión por evasión de impuestos.
Como una lógica, y resultante seguramente del sentido común que entrega todo el conocimiento acumulado por el ser humano viviendo en sociedades democráticas,los nombres de calles, avenidas, villas, poblaciones y espacios públicos,han servido desde siempre para reivindicar y destacar a quienes han hecho aportes importantes al desarrollo social, cultural, político o económico de sus comunidades. Hace algunos años en La Ligua se alzaron tímidamente algunas voces para señalar la inconveniencia del cambio de nombre a la calle 26 de noviembre por el de Santa Teresa. Habían razones históricas que avalaban las críticas, sin embargo no encontraron eco entre los impulsores de la iniciativa.Además estaba la iglesia de por medio; a nadie se le habría ocurrido contradecir tal medida. A la luz de los acontecimientos presentes, quienes residimos en la población Lucía Hiriart, nos preguntamos :¿Seguiremos cargando con el famoso nombre? ¿Qué impide el cambio? ¿Es sólo una cuestión práctica, de papeles y direcciones en boletas de pago? ¿Qué dirán los niños del futuro cuando en las escuelas les den trabajos de investigación sobre el nombre de la población Lucía Hiriart?¿o es que nos estamos pasando rollos innecesarios?¿Qué nombres sugieren? Ayuden cabros.Felicitaciones por el programa.
Joven que mira al futuro