“El paciente se ve mal, es mejor que lo lleven al Fricke, porqué no contamos con ventilador mecánico ni scanner para dar con un diagnóstico preciso”, esas fueron las palabras del médico de turno en el Hospital San Martín de Quillota, luego de la derivación hecha por el equipo de salud desde el San Agustín de La Ligua. Familiares denuncian los reiterados llamados al SAMU liguano requiriendo atención y la hospitalización del paciente, sin obtener respuesta y que ante la insistencia y gravedad evidente que presentaba el enfermo, ordenaron su traslado a Quillota; ciudad que luce orgullosa por estos días, un flamante estadio con estándares internacionales y una inversión de varios millones de dólares, construido en la era concertacionista para eventos deportivos y artísticos. El epilogo de este caso fue finalmente el fallecimiento y el consabido comentario del médico del centro viñamarino: - llegaron tarde con el paciente.
Son cientos los casos provenientes de distinto puntos de la provincia más extensa de la región de Valparaíso, que deben cubrir kilómetros y kilómetros, en una desesperada lucha contra el tiempo y lograr una atención digna a la que todo ser humano tiene derecho, encontrándose la mayoría de las veces con las mismas respuestas o peor aún, como fue el caso denunciado por una mujer proveniente de esta comuna, que presentaba fuertes dolores abdominales, haciendo esfuerzos por mantenerse en pie y luego de ser clasificada en la penúltima de las opciones para ser atendida, lo que en la práctica equivale a esperar dos horas en los escaños exteriores del recinto,atentos al llamado a través de altoparlantes,que parece un vano intento por exhibir visos de modernidad en un edificio construido en la década del sesenta. La doctora de turno realiza un examen express y ordena al paramédico le inyecte un calmante para disminuir el dolor; siendo posteriormente enviada a su hogar con una receta que debe adquirir en alguna de las tantas farmacias existentes en la ciudad. Luego de varias horas, los dolores persisten y la enferma no presenta mejoría. Vuelve con sus familiares al recinto asistencial, siguiendo los mismos protocolos; pero esta vez con el reproche de la misma facultativa quien le señala: - Tú otra vez aquí, si te atendí en la mañana, debes esperar cinco días para que los medicamentos hagan efecto, ante la atónita mirada de la enferma que intenta hacer comprender a la profesional el estado en el cual se encuentra. Los familiares con sus propios medios toman la decisión de llevarla fuera de la provincia a un especialista del sector privado, quien diagnostica previos los exámenes correspondiente, su hospitalización y urgente intervención quirúrgica, porque no había más tiempo que perder.
- su estado es grave, señaló el cirujano.
La lucha por la distribución equitativa del agua se ha convertido en un icono de las demandas sociales que impongan justicia, frente a las arbitrariedades del modelo económico que separó el agua de la tierra de acuerdo a la legislación impuesta a sangre y fuego por la dictadura el año 1981, y que la Concertación ha mantenido y en muchos casos usufructuado junto a sus socios de la Alianza. El agua junto a la salud constituyen las aspiraciones más sentidas por la ciudadanía que permitan contar con un hospital público de categoría provincial, con profesionales especialistas y tecnologías que permita atender y mantener a los enfermos en el centro de salud local, sin necesidad de correr 82 kilómetros camino a la ciudad jardín, perdiendo horas y minutos vitales a la hora de salvar vidas. Nos dirán que es de un alto costo mantener un hospital de esas características; que el sector privado paga mejores sueldos; que el estado tiene muchas y variadas demandas; que hay que mantener los equilibrios macroeconómicos; que la crisis internacional y todas las excusas a las cuales estamos acostumbrados, desde que el estado fuera jibarizado para imponer las políticas neoliberales diseñadas en las aulas de Chicago. Estamos indignados que duda cabe. Mientras las autoridades se jactan de las cifras de crecimiento que exhibe el país, la brecha de las desigualdades sigue otorgándonos el triste record del país más injusto de Latinoamérica. Como dice Ana Tijoux, todo se vende; todo se transa y se comercializa: salud, educación, bosques, minerales. Todo entre vergonzosas colusiones y robos, que demuestran el nivel de corrupción al que han llegado los dueños de Chile para obtener grandes utilidades a través del endeudamiento, cobro de comisiones, intereses, repactaciones unilaterales y tarifas de servicios básicos que los llevan a ganar dinero a raudales, amparados en leyes, autoridades, partidos políticos y la fuerza de las armas. Alguien dijo, algún día en Chile habrá un estallido social. Los ejemplos de Aysén, Punta Arenas, Calama y el gran movimiento estudiantil, están alumbrando el camino al patio trasero, que aunque es la provincia más extensa en territorio de la región, tiene la menor densidad de población y como dijo un dirigente social, “somos pocos electores, por eso es que a los políticos no les interesa la provincia de Petorca”.
La paciencia de los habitantes de este apéndice de la región, se está acabando. Los políticos llegarán para las elecciones nuevamente con su amplia sonrisa a intentar de convencernos que ahora si que nos escucharan y solucionaran todos los problemas y reivindicaciones de la ciudadanía. Intentarán dividirnos diciendo que respondimos a posiciones ultras; venderán pomadas y calmantes para detener un avance que está en marcha y no se detendrá por más que usen la amenaza y la fuerza de la represión.
¡¡HOSPITAL PUBLICO DE CALIDAD PARA LOS HABITANTES DE LA PROVINCIA DE PETORCA!!
JUSTICIA EN LOS RÍOS. AGUA PARA TODOS.

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